¿Son fiables los Textos Sagrados?

Es habitual que los cristianos de cualquier tendencia (católicos, ortodoxos, evangélicos, etc.) apoyen sus conclusiones de fe en las palabras de los Evangelios, para así confirmarlas.

Por ejemplo, les argumentas que Jesús era un judío fiel, que nunca se apartó de las creencias judaicas, que los únicos templos que pisó fueron las sinagogas, que no se le vislumbra deseo alguno de fundar una nueva religión (y menos aún una en la que se excluya a los de su pueblo de su fe judaica), etc.; por lo que es impensable que alguien como él instituyera el rito de la comunión en el que el fiel se come su cuerpo y se bebe su sangre (pues la religión judaica prohibía expresamente, bajo pena de muerte, cualquier tipo de canibalismo, así como ingerir sangre).

Y tras tu exposición, matemáticamente, el cristiano culto que te escucha sale con algo como lo siguiente:

—En Mateo 16, 17-18, Jesús expone su intención de fundar una nueva iglesia al decirle a Pedro: Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y con respecto a lo de comer su cuerpo y beber su sangre, en Juan 6, 54 y ss., dice: El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. Lo que implica que su nueva religión es independiente de la judía.

Y lo mismo ocurre ante cualquier otro razonamiento: el creyente se queda tan fresco rebatiendo tu lógica con frases evangélicas, puesto que, según él, son palabras en las que hay que creer a píes juntillas por venir del mismo Cristo.

Pero es que con los conocimientos científicos actuales es imposible saber lo que realmente dijo e hizo Jesús de aquello que los copistas posteriores añadieron de su propia cosecha a los textos sagrados, y que por tanto Jesús nunca dijo ni hizo. Leamos como lo explica un preboste de la Iglesia Católica:

La situación del material evangélico es tal que es impensable el ir restaurando la imagen originaria de Jesús a base de ir eliminando con cautela las capas que se le fueron superponiendo. No es posible ir separando en los evangelios entre material auténtico e inauténtico. Ya Bultmann se expresaba en términos desalentadores: «No se está jamás absolutamente seguro de que Jesús haya verdaderamente pronunciado las palabras que se encuentran en la capa más antigua», Los exégetas siguen hoy hablando en términos parecidos. «Apenas habrá un solo texto sobre el que quepan conclusiones definitivas y universalmente aceptadas» (J. I. González Faus). (Jesús de Nazaret. El Hombre y su Mensaje. Cap. I, La Personalidad de Jesús, José Antonio Pagola.)

El autor de las palabras anteriores no es un aficionado en el tema sino alguien que sabe muy bien de lo que escribe. Es un sacerdote español nacido en 1937. Licenciado en Teología por la Universidad Gregoriana de Roma (1962), Licenciado en Sagrada Escritura por Instituto Bíblico de Roma (1965), Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica de Jerusalén (1966). Profesor en el Seminario de San Sebastián y en la Facultad de Teología del Norte de España (sede de Vitoria). Ha sido rector del Seminario diocesano de San Sebastián y Vicario General de la misma diócesis.

Pagola, y alguna otra excepción, tienen el valor de hacer público lo que es de consenso general entre todos los especialistas bíblicos y que a la vez ocultan o disimulan lo más que pueden. Y no es de extrañar que actúen así ya que imaginan, con base fundada, que la divulgación de ese conocimiento puede derrumbar la fe de muchos.

Si no son fiables los dichos y obras del Jesús de los evangelios, ¿en qué se puede creer ya? ¿Cómo conocer las enseñanzas y actos verdaderos de Cristo?

En la sesión 4ª, del 8 de abril de 1546, el concilio de Trento promulgó el solemne decreto que dice (el subrayado es mío): “El sacrosanto ecuménico y general concilio Tridentino… admite y venera con el mismo piadoso afecto y reverencia todos los libros, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento… Y si alguien no recibiera como sagrados y canónicos estos libros íntegros con todas sus partes, como ha sido costumbre leerlos en la Iglesia católica, y se contienen en la antigua versión Vulgata latina, o si despreciare a ciencia y conciencia las predichas tradiciones, sea anatema (sea excomulgado)”.

Por definición, fe es dar por cierto lo que la evidencia o la razón no ven, debido a la autoridad de quien nos lo comunica.

Cuando lo que la ciencia nos muestra es contrario a la fe, tenemos la doble obligación de dejar de creer en eso y de no fiarnos de quien nos lo comunicó.

Las partes de los libros canónicos que han sido añadidos por los copistas no son en nada sagrados, todo lo contrario: son mentiras, pues le atribuyen a Jesús algo de lo que no es autor; por lo que no considerarlos como sagrados no sólo no es causa de anatema sino de aplauso hacia quien lo hace. Si ese concilio se equivocó al declarar como de fe algo que la ciencia ha demostrado que no lo es, a partir de ahora quedan también en entredicho todas las demás definiciones dogmaticas de la Iglesia.

Es más, si la Iglesia nos cuenta que no puede equivocarse en declaraciones de fe y moral por estar inspirada por el Espíritu Santo, y hemos visto que falla en nada menos que en la autenticidad sagrada de los textos canónicos, con ello se demuestra que no es infalible, que no está inspirada por Dios, que tan sólo es una institución humana; que los miedos, fobias y temores con que amenaza en la otra vida son discutibles…

No es de extrañar que José Antonio Pagola, tras la publicación de su libro: Jesús. Aproximación histórica (PPC, Madrid 2007), haya sido condenado y criticado fuertemente por sus correligionarios con la excusa de que sus posiciones están alejadas de la ortodoxia católica (deben pensar que hay algo más ortodoxo que la verdad que nos cuenta). Fue tal el ataque recibido que la propia editorial PPC acabó retirando el libro de la circulación.

Cuando un don perjudica más de lo que beneficia, deja de serlo para convertirse en una desgracia. Si el don de la fe anula el sentido común, paraliza la razón, impide contemplar las cosas con objetividad…; pierde su bondad para transformarse en una desdicha. Espero que esto no le ocurra a ningún lector de este artículo. Por si así fuere, recuerdo la frase del evangelio según la cual la verdad os hará libres, que aunque no se puede afirmar que fuera pronunciada por Jesús o no, de lo que no cabe duda es que está preñada de sabiduría.

Finalizo con unas palabras del papa León X (1513-1521), quien por su posición tenía que saber de lo que hablaba, y que no se cortó un pelo a la hora de reconocer la poca fiabilidad de los evangelios (y el beneficio que los jerarcas sacan ocultándolo) cuando le escribe al cardenal Bembo: «Desde tiempos inmemoriales es sabido cuán provechosa nos ha resultado esta fábula de Jesucristo

Published in: on marzo 5, 2010 at 5:05 pm  Dejar un comentario  
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