Wojtyla vive

Fernando Vallejo

Wojtyla vive. Vive en sus obras. Sus malas obras. En el mal inmenso que le ha hecho a la humanidad con su oposición al control natal en un planeta superpoblado en que la capa de ozono está rota, los ríos están convertidos en cloacas, el mar es un desaguadero de cloacas y se está muriendo, las últimas selvas tropicales que quedan están desapareciendo y especies y más especies son destruidas a un ritmo inexorable por la rapacidad del depredador más destructivo que haya existido desde que el sol alumbra, el ser humano. Hoy somos 6.400 millones, de los cuales 3.000 millones han nacido durante los 26 años del pontificado de Wojtyla. De este aumento monstruoso de la población él es el primer responsable. ¡Si por lo menos se hubiera callado el pico! Pero no, tenía que hablar y hablar y hablar para hacerse ver como el vanidoso protagónico que fue y que se parrandeó a plenitud y hasta el último instante con su último aliento su puesto de Pontífice Máximo de esa institución inmoral y corrupta que es la Iglesia católica, el rebaño-jauría de las ovejas carnívoras. Cómplices suyos en la gran catástrofe demográfica que él instigó y que nos ha puesto al borde del precipicio y de la destrucción total de la Tierra han sido todos los jefes de Estado de nuestro tiempo empezando por los presidentes de los Estados Unidos y todos los líderes religiosos como los ayatolas musulmanes, pero ninguna oposición a los anticonceptivos y al aborto tan necia, tan cerril, tan obtusa como la suya, la de este lobo disfrazado de cordero, este hombrecito travestido que durante 26 años nos representó la farsa de la santidad. Santo que se hace ver es un vanidoso. No puede haber santidad protagónica, eso es un oxímoron, como cuando decimos sol oscuro.

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